La aclamada comunicación y sus límites insospechados

Puede ser muy abrumador e incómodo colocar límites pero cuando la sinceridad contigo mismo te alcanza, es imposible ignorarla y hacer de cuenta que no existe. He evitado en muchos casos publicar mis textos con demasiada honestidad por la sencilla razón de ser posiblemente odiada por aquellos mismos que han alabado mi forma de escribir. No es de sentirse mal, acepto que es parte del proceso de aceptar lo que no nos gusta de los demás por más difícil que se ponga la relación en sí misma, nadie dijo que era algo personal, en algún momento es posible que si pero la libertad y respeto de las relaciones es mucho más que depender de una respuesta tardía o pronta para tener la certeza que no hemos roto el vínculo por más frágil o temporal que sea.  

Es de mencionar que pocos se atreven a decir una verdad con la alta probabilidad de quedarse solo, así como lo estoy ahora, porque no es precisamente la soledad el problema, es lo que nos cuesta hacer con ella. A medida que decidimos amarla para nuestro tiempo de afecto y atención para nosotros mismos, sin necesidad de compartirlo con alguien más, al final solo somos nosotros y otros tantos discutiendo con sus familiares, en conversaciones lejanas de otro apartamento, somos nosotros en nuestros refugios y ellos buscando llegar a un acuerdo en medio de ruidos que indican que se lanzan cosas con cierta incertidumbre. Somos los que comentan algo genuino y personal en alguna publicación y se vuelve el eco de alguien más o muchos más. 

Quisiera entender y arreglar el apego que puede ser dañino y obsesivo al encontrar a alguien con tanta afinidad y cierta atención, que no pueda ver más allá de su propio ser. Tan débil hay que ser al afecto humano virtual para no alejarse un tiempo mínimo y entender que solo es una herramienta más de comunicación, a veces fluida, a veces intermitente o simplemente, no hay comunicación. A veces es mejor así, es mejor la distancia sana, el querer estar lejos por un rato del abrumador mundo que ya nos encontramos y que busca nuestra dependencia total de una conectividad absurda y controladora. Además, es que hay cierta rareza por aquellos que se niegan, a estar inmediatamente conectados, hay un odio sin razón con causas profundas por los que no cumplen a su antojo tecnológico, y entonces los raros son los que dejan a un lado un celular, si, sobretodo el celular para vivir, respirar, observar, leer, escuchar, reírse, no se, tantas cosas que podemos hacer sin el. Es que cada dia siento que odio un poco más la tecnología y su avance desmedida después de casi 15 años de ver absurdos avances y basura digital en mi casa. Cuando hace unos 30 años, era un lujo poseer un computador, y en este momento ya hay casi 4 equipos y solo uso uno, por trabajo y estudio. Me pregunto que sería del día en que no exista un celular más, hasta en el lugar más recóndito del planeta, ni nada que se le parezca, que no haya ni la mínima necesidad de el, para entender que se nos puede ir la vida, viviendo. Si, suena hasta lógico y demasiado bobo, pero no nos percatamos de lo inmersos qué estamos que hasta lo más lógico deja de ser obvio.

Debo ser honesta y decir porque he escrito todo esto con cierto tono de desahogo, y rabia, esa necesidad de escupirlo todo pero que no caiga en la cara de alguien, porque sería muy grosero de mi parte; y no es lo que personalmente quiero hacer, aunque en mi mente lo hago todo el tiempo con cierta gracia e irreverencia, llámese pensamientos intrusivos o no. He hablado con alguien de otro país desde hace un mes, alguien que me recordó una situación muy similar bastante bochornosa que ni me gusta recordar cuando se trata de conocer gente de forma virtual, a veces resulta bien, a veces no tanto, y a veces te matan. 
Pero en mi caso, solo resultó mal con altas probabilidades de no querer conocer jamás a ese perfil ni en persona; es cierto que a veces es un buen filtro para descartar lo que no hace Match con nuestros gustos, pero difícilmente identificar sobretodo con los valores, y la coherencia, ambos muy importantes e innegociables, al menos para mí.
Supongo que siempre habremos de estar al borde de emociones difíciles de sobrellevar con reacciones desconocidas para nosotros mismos, y que ni lo intuiamos y ahora lo sabemos, es como desbloquear una nueva versión de uno mismo en situaciones extremas y no saber como proceder, pero sea bueno o malo, hay una reacción y una lección. 
A veces sabemos que hacer y cómo, pero a veces no. 
A veces es demasiado para unos y poco para otros, buscamos reciprocidad y empatía sobre algo que difícilmente es sólido pero pocos lo entienden, muy pocos, quizá por la inexperiencia o necedad, por negarse a vivir una realidad a veces hostil pero real. Bien, digamos que lo he descubierto, que cuando hablo de la realidad me refiero al anhelo de vivir en una constante aprobación de otros, cercanos o no; sentimientos que sean positivos y mutuos, y no sentirnos aislados y extraños por querer algo de afecto en medio de lo solitario que se puede estar, aún en el medio virtual, sin entender que estar solo es un estado temporal y natural del ser humano, que igual fue creado para existir en comunidad.

Intento imaginar un escenario en donde de forma desesperada e inconsciente busco atención por una red social, viviendo en un país con limitaciones culturales y de pensamiento, con poca familia cercana y amigos con sus familias en otras ciudades, y adicional soy introvertida en mi vida personal pero en las redes intento establecer cualquier vínculo "sano" que me permita sentirme acompañado, incluso sí sé que jamás veré esa persona frente a mí. Es que no es la primera vez que, incluso si conozco la persona frente a mí, podría decir que en el mundo digital se crea y se siente la necesidad enfermiza de una atención incondicional debido al ¿ruido interno de la soledad? qué es imposible de callar. Entonces es más complejo, más incomprensible al ser tan notoria la atención por mostrarse como una carencia de sentido de existir y no ser valorado, y a su vez, no entender el propósito real de la comunicación personal y virtual. 

Al considerarme parte de una naturaleza humana que busca respuestas constantemente y considera que el avance le permite ser más productivo, eficaz y valorado; es aún difícil entender que quiere lograr al final de sus días un ser humano, como yo, que busca ser recordado y sentirse realizado con sus planes a largo plazo por medio de las herramientas comunicativas que han existido hasta el día de hoy. Podemos decir que la inmediatez de la comunicación no significa que genere un valor agregado a la profundidad del mensaje que queremos dar; y sentir la necesidad de la reciprocidad con la misma intensidad, cuando aún no la hay y probablemente no la haya más adelante. Entonces la pregunta se deriva si es cuestión de tiempo, experiencias nuevas, de momentos vividos, de encuentros casuales, coincidencias, actividades y gustos en común, conversaciones profundas, o la sumatoria de todo lo anterior más lo que no conocemos aún, que nos vuelve únicos e irrepetibles como especie.

Debo confesar que no es la primera vez y posiblemente la última, en la que me encuentro involucrada en estas situaciones de comunicación virtual sin que tengan un inesperado y fatídico final o al menos un encuentro personal que no sea incómodo, lo cual es inevitable que sea de esa manera, por el exceso de información compartida en un medio neutro sin expresiones y tonos humanos. Entonces hablaré un poco más de ese chico de la India que por una foto de perfil en instagram hace un mes, donde mostraba mi cara sonriendo, le hizo sentir atraído con la sensación de que le respondería de forma amable y cercana (esto es parte de mi especulación personal y suposiciones que un mes después resultaron certeras). Después de 5 años de cerrar la puerta a las citas virtuales sin importar si es una red social o una app, llego a la misma conclusión con la esperada desolación y la frustración que siempre pueden más que las ganas de estar frente a esa persona cuando hay limitaciones físicas y mentales para hacerlo real; y si es real el encuentro y no resulta como lo imaginamos o soñamos, entonces nos invade la sensación de incomprensión y extrañeza de nuestra propia existencia o propósito personal. Como venía contando, solo bastaron dos semanas, nuevamente, para vivir lo que había decidido olvidar. Conversaciones fluidas e intensas en un trato superfluo y confianzudo, dejando en evidencia vacíos emocionales y traumas de la infancia que abruman al punto de incomodar y sentir que no es necesidad de atención y ser escuchados, sino de una terapia urgente consigo mismos. Incluso, no sobra la introspección para hallar la plena conciencia de su estado emocional y comportamientos desmedidos al esperar recibir lo que ofrecen desesperadamente. Y peor aún, es no recibirlo nunca.
Y con ello, ¿no es suficiente decir que cada quien merece una ayuda real?. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La zozobra de las apps de citas

Una salida al Puracé

Las famosas 100 preguntas...