Covid-19 y otras profecias más

Hoy son las 3:30 de la madrugada, literalmente, me cuesta dormir. Más no pensar, me rondan un monton de ideas en mi cabeza, entre otras ocupaciones de la vida adulta como generar mis propios ingresos a los seis o siete meses de haberme graduado, no es absurdo pero igual no es tampoco algo alarmante. Aun me cuesta aceptar que no puedo estar lejos de su imagen. Me dolió su indiferencia al final, pero no mucho. Alguno de los dos tenía que abandonar esa conversación por chat que se había prolongado unas semanas atrás pero, lastimosamente no iba a ser yo. A pesar que fui yo la que propicie todo el espacio y debate para que se diera. Fui un poco intensa que hasta me metí a revisar su perfil en Twitter y lei cosas tan simples pero profundas de él. Hasta fue inevitable comentar sobre uno de sus trinos de hace más de seis meses, y ahi estaba yo de metida riendome por algo viejo y que ni daba risa ya. En fin, no solo basto con eso, sino que además se me ocurre enviarle un saludo corto pero directo que no espera respuesta, pero por lo menos le hago entender que no está solo ni abandonado en esta cruda profecía sobre una pandemia en un pais tanquerido y anhelado por todos como lo es Italia.
Una Pandemia que ha atacado a miles de personas en el mundo, ha diezmado con la población mayor, en una cantidad incierta y a otros cuantos que han logrado sobrevivir pero otros quienes sus enfermedades críticas y avanzadas ya en su cuerpo, no han dejado otra reacción ante este virus que una fatal debilidad para acelerar la muerte. Es asi como está pasando, es asi como un virus tan infeccioso y que genera pánico en desmedidas proporciones logre ser tan despiadado y natural que, arrase con media humanidad cuando creíamos ser una sociedad inmune e inalcanzable. Sin duda alguna, es obra del hombre, el hombre codicioso y perverso que ha sido el causante de muchas enfermedades, sea parte de conspiración o no. Cuando creimos que la tecnología, el individualismo y el consumismo excesivo nos iban a librar de tan dolorosa pena de morir solos, luego de un aislamiento obligatorio, porque sino lo haces puedes contagiar a los que quieres y admiras a tu lado, porque no valoraste cada segundo cuando estabas sano, porque ahora cuando soy consciente de que tengo 25 años y que precisamente cuando era adolescente y tenia 14, pensaba precisamente en que yo debia imaginar que todo lo que pasaría sería como un hecho aislado, lejano y poco viable, se esté dando sin precedentes con pelos y detalles. Es asi, como ahora que no imaginaba que la tecnologia iba acaparar cada segundo y cada tarea de mi vida, en que lo vuelvo cada vez más cercano como herramienta inconsciente de mi vida, me alejo de otras actividades y cosas que entraño en momentos de nostalgia. Oigo un helicóptero a lo lejos y me cuesta entender que ahora, no soy la niña que oía canciones de las Popstars y bailar como ellas, y que también ignoraba algunas cosas porque le parecía que no eran importantes. Pero ahora todo parece implicar una responsabilidad y un compromiso conmigo misma y con mi familia, indirectamente de avanzar sin importar cuanto tenga que llevar. Tengo que admitir que alguna vez, tuve un pensamiento de juventud, nefasto sobre la salud de mis parientes una vez tuviése yo la edad "madura" de comprender que no somos lo suficientemente inmortales para saber que cualquier enfermedad o eventualidad de la vida, nos llevaría sin pensarlo mucho. Es este momento, cuando sin querer se asoma un oscuro y retumbante trueno sin relámpago, que está detrás de los cerros orientales haciendo eco de cómo estará el clima mañana. Ayer, aproximadamente a las 5:00 pm cayó una inesperada granizada, de esas que son peligrosamente bellas. Una ciudad que no acostumbra a recibir un impacto tan letal como unas bolas de granizo, sobre los techos hechos a pulso. Un paisaje poco visto por nosotros, quienes nacimos y crecimos en un pais tropical, donde solo tenemos dos climas todo el año. Tal vez el granizo sea ese castigo, no sé si divino de Cuando creimos que la tecnología, el individualismo y el consumismo excesivo nos iban a librar de tan dolorosa pena de morir solos, luego de un aislamiento obligatorio, que nos iba a ser conscientes de que estamos solosede ser divertido hasta que te empieza a lastimar, y deja una que otra herida dificil de sanar. Quizá lo merecemos. Quizá asi somos cada uno de nosotros, en cada bolita de granizo que cae con violencia de un cielo cargado de violencia y cotidianidad, de maltratos constantes y de repente ahi estamos nosotros como balas heladas que golpean las cosas, las personas, los animales, sin compasión de nadie, sin mirar a quien podamos herir, y que después de ese impacto aunque fuera solo uno, se vuelve doloroso y frio, y cuando caen grupo, es peor, es como sentirse linchado pero por tantos que es mejor dar la espalda y continuar la búsqueda de un refugio para evitar ese ataque natural. Y ahora, no solo son sus consecuencias a nivel del peaton, existen otras cuando las masas de granizo se acumulan y son una fuerza tan poderosa y letal que podemos compararlo con esa red social, esa red que es intangible pero está ahí esperando arrasar con cuanto se atraviese en su camino con el fin de destruir o entorpecer. Fue así, como ayer granizó en Bogotá, fue asi como se sintió. Quizá el refugio no solo estaba en un escampadero temporal, quiza estaba en lo que somos y en lo que cada uno guarda. Quejarse no es suficiente, porque de alguna manera todos tenemos la culpa de esos sucesos sobrenaturales para nosotros. Empieza a lloviznar de nuevo, y eso me relaja un poco. Hoy me costó dormir, porque invertí mis horas de sueño unas doce horas antes. En este momento cuando llueve, es cuando me dan deseos de ver llover, cuando hace mucho no lo hacía. Ver llover en esta sileciosa hora donde muchos aún duermen o tratan de dormir, otros desvelan para cuidarnos. Es la lluvia del silencio, esa lluvia que cae y suele ser escuchada en pensamientos de introspección, en donde nos sentimos un poco desolados y la sensación de refugiarse aumenta al oir la intensidad de las gotas. Oir los pajaritos, tratando de buscar un pequeño y seguro refugio. Que por el granizo les ha sido rebatado, el día anterior.

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