Dia 12: 30 de marzo del 2020
La reflexión ha sido de un par de días atrás, pero vengo a dejarla por aqui en esta madrugada. Pensé en mi jefe y su familia, cuando pensaban pasar el tiempo en un viaje a Europa, un viaje familiar soñado por todos, pero se ha caido, se ha obstaculizado y todos lo agradecemos porque no sabían las devastadoras consecuencias de esto. Apenas nos estamos acostumbrando a un aislamiento social, a permanecer en casa todo el tiempo cuando podiamos salir a cualquier hora a la calle. Pero nos hemos perdido, en la rutina, nos hemos dejado de pensar y finalmente nos hemos olvidado. No se oye otra noticia desde hace tres semanas, que el número de contagios aumenta, de las prevenciones y las medidas que ha tomado cada gobernante de este planeta, o como la indiferencia y la ignorancia ante esta pandemia son peores que el propio virus. Talvez unas cuentas celebridades, quieran tratar de ser salvadores y ahora donan equipos, o quizá hacen gel antibacterial para hospitales, o prefieren compartir su talento con otras personas, aquellos artistas que han decidido cantar en vivo para distraer el pensamiento de este hecho abrumador que ahora parece ser nuestra realidad, que con resignación y miedo la asimilamos. Es un sentimiento, que solo lo explica la biología en términos de especie, somos igual de vulnerables y frágiles a todos los seres vivos que habitamos esta Tierra. Quizá los demas animales no entiendan que nos pasa, si soliamos ser los que dominabamos todo a nuestro paso, y se nos olvidó que solo estamos de paso, que somos igual de transitorios a ellos. Que ahora descubren ellos al visitar las ciudades, como es ahora nuestro modo de vivir y de resguardanos ante un virus que ellos desconocen, y que solo lo ven como un alivio ante tanta represión y peligro al que son sometidos. Tal vez pensaron: ¡al fin entienden que no son los únicos!
Consideraba que ahora, el miedo se incrementa, la angustia se remueve en el momento que nos asomamos a la ventana para comprobar que quizá haya un poco de flujo de la gente y ruido, pero solo encuentras un panorama desolador y completamente inimaginado, inesperado, unos pocos andando distanciados, con carros de mercado vacios o llenos, algunos con tapabocas, otros sin nada, solo se burlan de los que usan tapabocas. Taxis, ambulancias, camiones, autos de servicio, bicicletas, domiciliarios, personas con mascotas y protegidas. Ahora solo queremos estar cerca de los nuestros, y hacemos hasta cosas ilegales para no sentir tan duro la soledad que se aproxima para las próximas semanas. Sin embargo, parece ser que el interior de nuestra viviendavcada día que pasa se vuelve más acogedor y más seguro, entonces luego de alejarnos de la ventana, sentimos que el único lugar donde todo podría ser un poco mejor es nuestro hogar, al menos hay actividades que hacer y con quien hablar. Dejar de ver noticias por un rato, es un buen método para no enfrentar nuestro estado de ánimo sensible y frágil, igual que nuestro cuerpo ante una condición tan real como ficticia. Parece que cada cifra, es una obsesión y todo se enmarca en una pesadilla de varios días. Parece que ser que nuestro sueño de la noche (si lo logramos conciliar), es el que nos podría compensar un poco lo pesado que nos sentimos en el día, lo duro de sobrellevar esta situación y confiar que no llegue a nadie de nuestros familiares y amigos, tampoco a nuestros compañeros y profesores.
Afuera no te cuido, solo adentro, diría la camción de Caifanes. Quien creería que el arte nos salvaría, siempre lo supe desde el momento en que tocaba guitarra, desde que entré a estudiar la carrera de Arquitectura y prefería visitar museos o tomar fotografías, o cantaba con mis amigos en karaoke y hacia covers con un amigo del colegio. Ahora bien, sin ser alguien que predice cosas, en mis cavitaciones de hace algunos años atrás, cuando empecé a ser más crítica y revoltosa; y me indignaba ver noticias amarillistas y corrupción por todos lados. Creía imaginar algún día que pasaría una eventualidad terrible y tensa (Quizá una crisis social, un estallido, una guerra civil, de pronto en el peor de los casos, talvez haya pasado por mi mente un virus, pero no consideré que eso si fuera a pasar o un castigo de la naturaleza como un terremoto, eso si era más probable que ocurriera en mi hipotético planeta). Y toda esta reflexión sobre lo inhumanos que ahora somos, se me ocurrió que en el momento en que creía que la sociedad estaba tan mal, y deseaba que pasaran cosas que nos obligara a volver a nuestros orígenes. No creo que sea la única que pensaba en que la sociedad, los gobiernos, las injusticias y otros problemas de cajón sin resolver; necesitaran un Reset, y listo, pero que fuera pronto.
Ahora que soy plenamente consciente de eso, luego de unos días de mantener mi mente en actividades académicas, y de que ahora que está aconteciendo este preciso momento, que esa coyuntura imaginaria, donde al visualizarla en mi mente, me generaba una sensación oscura y culposa, y llegaba a sentir en mi pecho una presión por desear que eso pasara, que de solo de idearlo, mortificaba mi existencia humana por unos segundos, y era mejor no pensar en eso y olvidar. Era mejor dejar que ese trance, se esfumara de inmediato y se convirtiera en un pensamiento positivo para que no llegase la necesidad de llegar a esa crítica situación. Ahora bien, esto es tan real que ha llegado, tan de cerca que aún seguimos ciegos y estupefactos, y eso podría explicar el porqué cuando ocurrió todo esto en Bogotá, cuando llegaron los primeros casos de ese virus de rápido contagio, cuando vimos que entramos en un pánico colectivo y que se aproximaba algo desconocido y peligroso, que iba a ser una amenaza para nuestros abuelos y padres, entonces entendimos la gravedad de todo (Aún hay muchos que no lo han hecho, o simplemente prefieren que se extinga media humanidad). Ese sentimiento de unos segundos, que me imaginaba en momentos de pensar en esa sociedad corrupta, de crímenes atroces que merecía un castigo; ahora llegaba a nuestras vidas y ese sentimiento iba a permanecer por días, pero por días oscuros en que no entendíamos que significaba la palabra cuarentena, aislamiento y distanciamiento social. No comprendiamos que iba a pasar con nuestros trabajos, nuestros sueños y actividades del diario. Seguramente, el planeta Tierra y Dios, pensaron: -Van planeando caminos equivocados, solos y amargados. Van por ahi, como si los demás no existieran. No saben lo que están perdiendo-.
Creo que he logrado expresar eso, que en muchos casos no había sido posible encontrar las palabras, o porque no sentía la necesidad inmediata de sentarme a hacerlo. Talvez haya un recuento en otro texto, cuando haya mencionado que necesitabamos formatear nuestro pensamiento y nuestro comportamiento como humanidad.
Ahora publican todos, que no hay excusas para no hacer todo aquello que siempre aplazamos, aquello que decíamos unas diez veces al dia que no teniamos tiempo, aquel abrazo que por afán nunca dábamos a nuestra familia. Y es cierto. No habrá seguramente otro momento, para reir y compartir lo que somos, porque finalmente todo esto son herramientas que ayudan a nuestro desarrollo y nuestra curiosidad, pero no debería afectar el modo en que actuamos con los nuestros. Ahora muchos entendemos que no solo es una cuestión de tiempo, es de reinvidicarnos con nuestros demonios, diria alguien. De entender el otro, y saber que quiere. Ahora que cuento esto, aún me hago la idea de que esto es como una larga pesadilla, pero que puede convertirse en una lección. De que por un momento olvido lo que está pasando, pero cuando pensamos en todo lo que durará esta etapa de aislamiento o (asolamiento), y lo que nos tomará entender y convivir con los radicales efectos de la pandemia, hará que ya no sea nada igual nuestra cotidianidad y nuestra vida los próximos meses. Habrá un antes y después del Covid-19. Es ahí, cuando me posee un sentimiento de incertidumbre y de apocalipsis, al ver que no será fácil afrontar esta situación y las secuelas que quedarán por años. Aún tenemos la Fe, dijo el Papa en la oración hecha ayer Urbi et Orbi.

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